A los confines del mundo en dos ruedas

Aprovecho la ocasión para escribir sobre los días de mi vida acá en esta misión en la parroquia de Santa Ana de Chipaya: explico el motivo del título; es a razón de una de tantas visitas que hice a mis parroquianos que viven en el área dispersa, es decir campo adentro en las estancias.

He llegado a una estancia en donde me percaté que ya mas allá de eso no hay más nada al alcance de la vista humana. Tanto por el paisaje como por la soledad, el silencio y la sequía que hay en este rincón del altiplano, pero que también existe un alma. Y es un consuelo saber que en mí se cumplen las palabras de nuestro Señor: “serán mis testigos en Jerusalén, en samaria y hasta los confines del mundo” Lc 24,48. Y por esto puedo decir que llegué hasta los confines del mundo.

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En esta ocasión llegué a esta estancia a administrar el sacramento de la confesión y unción de los enfermos, y también a bendecir las huaylluchas y las ovejas, que es lo único que posee la gente. Pues ya no da la tierra para sembradío, ni para plantar un árbol, ya que la sequía y la cercanía al salar de Coypasa impide toda vegetación, no hay más nada que el “káuchis”, pequeños arbustitos que hay en la pampa y que es lo único que tienen las ovejas para comer, es la única vegetación que sobrevive todo el año en este rincón de mi  querida parroquia uru.

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Llegar hasta estos rincones me trajo inmensa alegría, ya que antes no había llegado a este lugar y a esta familia; alegría inmensa por saber que en la soledad del altiplano se hallan fieles que se acuerdan de nuestro buen Dios y de su Santa Madre la Virgen Maria, en medio de los tejidos y silbares del viento, ese viento que se hace presente y que jamás falta a lo largo de los 12 meses del año.

Llegue acá en moto, que conseguí gracias a unos caritativos donantes de origen italiano, y hago mención a ellos ya que por su desprendimiento hacen posible mi llegada, la llegada de un misionero en busca de almas a estos lugares recónditos de estas tierras bolivianas.

Ya son varios meses que sólo me manejo en esta moto por todos los lugares de la parroquia y de la diócesis, ya sea para visita de casas, para llegar a las estancias, para las misas en las comunidades, para visitas de ancianitos que viven solos y varios de ellos enfermos, y también para recorrer los 190 km de distancia hasta Oruro, ya sea para llevar a mantenimiento o para las reuniones que citan al presbiterio. Y he de mencionar que por ahora en la parroquia no cuento con ninguna otra clase de movilidad.

Y por eso se hace necesario para el misionero sentir el rigor del clima, ya sea por los fuertes vientos sobre la pampa uru, ya por el calcinante sol de mediodía, ya sea las bajas temperaturas que llegan hasta congelar el río Lauca que atraviesa de norte a sur los territorios de la parroquia.

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Muchos, al leer, pensarán que es una “súper aventura”; ¡claro que sí! Pero aclaro que no es una aventura meramente humana, sino que va más allá de lo que uno puede pensar o se puede  imaginar, es lo que la Iglesia Católica, dos veces milenaria, llama ¡AVENTURA MISIONERA! Y lo que nuestro fundador, el Padre Buela, dice y se los transmito ya vivido desde este rincón del mundo: ¡LA MISION, SIEMPRE ES UNA AVENTURA!!!

QUE VIVA LA MISION!!!

En Cristo y Maria su Madre

Padre Rosendo Fabián Tactaca

Misionero en las tierras de los urus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Narraré unas de mis inquietudes que, de repente, me surgió hace unos pocos días atrás estando en un Joch’y (estancia), donde mi desayuno fue Phisara con tripitas de cordero salteadas (fritas). Esta comida se hace con quinua retostada, apisonada, venteada y cocinada como arroz graneado. Mientras comía me vinieron a la mente aquellas palabras del gran apóstol de las lomas del polo norte que dice: “El que no coma bien y no digiera bien, dese por perdido en Alaska” que momentáneamente estalle solo como loco en risotadas y que mi gente uru que me rodeaba en esos momentos no comprendía ni pudo comprender hasta ahora, aunque me tome el trabajo de explicarles.

Y terminé mi desayuno y seguía como loco riéndome, haciendo comparación entre mi desayuno y del apóstol mencionado, pero no versa la risa sobre la comida como tal sino más bien en el modo de desayunar, que si bien para mí solo fue eso y nada más para Él era luego de la misa, en kwigut, cuchara en mano derecha y un libro en la izquierda, y dice: “Estos días le toca a Blosio entretenerme con sus disquisiciones sobre la perfección. Cada sentencia es un mazazo inmisericorde. A las dos páginas ya no hay aguante posible y se deja. Miel, turrón, mazapán, flanes… sólo como postre; poco y con moderación”.

Pero acabo mis risotadas cuando ya paso por mi mente las comidas que menciona el apóstol de los guaraníes San Roque Gonzales… sosegué mi espíritu y volé con mi imaginación a través del tiempo desde los recónditos lugares fríos de la pampa Uru hasta las calurosas selvas guaraníes para detenerme frente a aquella choza y contemplar: “comíamos maíz disecado con algunas mandiocas que comen los indios y los papagallos…”.

Ahora con toda la inquietud paso a preguntarme ¿Qué comerán en estos momentos mis hermanos misioneros dispersos por el mundo? Y vagabundea mi pregunta sobre aquellos hermanos que están en los lugares más recónditos como son los de Papúa Nueva Guinea, los que están en Tanzania, los de Guyana, etc., en fin me pregunto yo ¿cuál será su comida?. Nosotros, los que partimos un día desde “La Finca” y sabemos lo que es la polenta, fideos blancos con salsa, tallarines con tuco, las comidas de pascuetas, los asados de vez en cuando, etc., y que de un de repente llegamos a lugares recónditos de misión a comer y alimentarnos con comestibles exóticos, ¡vaya que cambio! Y me consuela saber que no soy el único que saborea con alegría este cambio de alimentación, cuántos son los que llegan a comer cosas que ni saben que es, o cuantos hermanos en los confines de la tierra están meses y meses alimentándose de la misma comida y recuerdo a un misionero (P.Quisber) que estuvo en Kenia-Africa y que fue el segundo misionero que paso a visitarnos por la misión en Oruro y conto que estaban con sus compañeros comiendo porotos por varias semanas y semanas enteras.

Acá en la misión en las tierras de los urus puedo asegurar que no me falto un solo día mate amargo, pues si bien no es que se compra acá en la esquina puedo abastecerme de yerba para los días necesarios que estoy acá, lo demás, lo que se dice comida tampoco me faltó, pero todo es a base de quinua, como ser mukhunas, phisara, phitu, phiri, y otras variedades que se preparan por estos lugares.

 

En Cristo y Maria

Padre Rosendo Fabian Tactaca

Misionero en las tierras de los urus

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Grupo juvenil/ parte l

Este año, como tengo solamente a mi cargo la Parroquia de Santa Ana de Chipaya, he estado organizando de manera sistemática un grupo juvenil parroquial, con las características propias marcadas en el espíritu del Instituto. Hasta el momento no se da como quisiera un grupo juvenil ideal, pero este grupo tiene todas las de llegar a ser el grupo con grandes ideales y con muchas virtudes a la Forma de Cristo, y yo como párroco, viendo los años anteriores, y ahora que tengo contacto directo con jóvenes, y vivo de manera permanente en esta parroquia he decidido “no suponer nada”. No supongo que Ellos saben las oraciones principales, no supongo que saben los 10 mandamientos y los 7 sacramentos, en fin no supongo nada, ya que me obliga a mí a enseñar todo desde los cimientos la pura doctrina cristiana, lo cual es una ventaja para mí; y doy mi razón del porque no supongo nada: según la gente mayor el útimo  sacerdote que vivió de manera permanente acá fue hace 18 años, por tanto un joven (y es como me paso a principios de mayo), no sabe qué es un cura, o para qué está el sacerdote en el pueblo… no saben. Cuando al medio día al salir del colegio algunos vinieron a presentar a sus compañeros para que se sumaran al grupo llego uno que no sabía quién era yo, ni mucho menos sabía él por qué estaba vestido de esta manera  (con la Sotana) lo que provocó que se asustó al verme.

Con respecto a los jóvenes, como dice el directorio de parroquia en la parte de la ovejas encomendadas a nosotros según la edad: se deberá conocer a los jóvenes  personalmente, estimar lo que tienen de bueno, formar su conciencia y educarla para que hagan buen uso de la libertad, entusiasmarlos con grandes ideales, ofrecerles la cruz para que la abracen y vivan así el verdadero sentido de la religión.

Primera actividad del grupo

Desde el 14 al 17 de junio tuvimos nuestra primer actividad con el grupo juvenil que consistió en dos partes 1ra : en la salida a la ciudad de Oruro para conocer iglesias y museos, y como 2da parte los cursos de formación para jóvenes de distintas parroquias en la localidad cercana a la ciudad, en el pueblo de San Agustín de Toledo ( los cursos serán la parte dos de esta crónica); En este primer viaje he podido conocer de modo más personal a cada uno de ellos y ver lo que tienen de bueno y noble y aproveche para enseñarles a rezar oraciones de la mañana, oraciones para entes de comer,  y lo valioso de tener la Santa Misa. Todos se mostraron muy entusiasmados y por su puesto con esa alegría que es propia de los cristianos que aman a Dios.

Partimos del Ayllu ( comunidad) de ayparavi y vinimos a chipaya donde nos encontraríamos  todos los que iríamos al viaje, y en chipaya rezamos en la iglesia y nos encomendamos a los Patronos San Joaquín y Santa Ana, y pusimos como protectores del viaje al Santo Papa Juan Pablo ll y al siervo de Dios Fray Vicente Bernedo.

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Y Habiéndonos encomendado a los protectores bendije la movilidad en el cual viajaríamos y en cual iríamos a cumplir nuestros anhelos de seguir a Cristo y de aprender más sobre la vida que debemos llevar los cristianos.

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Todos estaba listo, las cosas cargadas y los ánimos preparadísimos para emprender el viaje, y de los 20 jóvenes que viajaron conmigo solo 3 habían ido antes, para los demás todo era nuevo.

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Una parada a media tarde a orillas del rio barras para comer un sándwich y seguir viaje.

Pero a 40 km antes de llegar a Oruro se rompió el filtro de diésel así que “a parar” se ha dicho, vino un ingeniero con un mecánico a socorrernos y también estuvieron presentes el párroco de Toledo donde serían los cursos y el Padre Marcelo Molina que  vino desde la ciudad con la cena para los jóvenes urus, así que ese día no llegamos a Oruro como era el plan pero llegamos a Toledo donde nos recibió amablemente el Padre Beimar. Y con esto hago público mi agradecimiento a estos hermanos Sacerdotes que se mostraron muy caritativos conmigo y mis jóvenes urus.

Al día siguiente si fuimos a Oruro a conocer el museo de la casa de Simón Patiño, el museo mineralógico, El santuario del Socavón, la Catedral y el monumento a la Virgen del socavón en el cerro santa bárbara.

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Carretas de la casa de Simón Patiño./Tourtak’s (jovencitas Urus)

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T’y Thoa Uru/ el Joven Uru

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Entrada principal de la casa de Simón Patiño.

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Mientras jugaban en la casa

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A Dios las Gracias por todos los beneficios recibidos/ Al Santo Papa Juan Pablo ll y Al siervo de Dios Vicente Bernedo por la constate protección y bendición.

Queda la Segunda parte de esta crónica. En Cristo y Maria

Padre Rosendo Tactaca, misionero en la tierra de los Urus.

Semana Santa 2015

Un breve resumen de los momentos que vivimos los días de Semana Santa en esta Parroquia Uru Chipaya.

Domingo de Ramos

Este día 29 había elecciones gubernamentales en Oruro, y por tanto, por disposición de las leyes vigentes aquí, estaba prohibido todo tipo de “movimiento de gentes en masas”. Así que hice la bendición de los ramos en la entrada de la iglesia, con buen número de fieles ciertamente, pero con una procesión de pocos metros hasta entrar a la iglesia para la misa, pues una procesión larga no estaba permitida.

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Los fieles decían que recuerdan pocas veces en que hubo procesión de Ramos en la parroquia en este día de la entrada triunfal del señor en Jerusalén. Algunos jóvenes y niños que me ayudaron no tenían en absoluto este recuerdo, unos porque no tenían el hábito de venir a misa, otros porque simplemente aun no recuerdan haber vivido esta bendición.

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En el Ayllu (comunidad) de Ayparavi, el único recuerdo de la procesión de los ramos que tenía la gente es de una vez de un misionero que llegó y celebró misa de Ramos, pero con la particularidad de que no eran ramos como nosotros habitualmente vemos y conocemos, sino más bien, algunos entraron con amarritos de pajas, otros con un ramitas de quinua y así recuerdan su domingo de ramos pasado.

Lunes santo

En la mañana escuché confesiones, y en la noche tuvimos la misa y luego una presentación que les di de un estudio sobre la Sábana Santa. Y posterior se adelantaron los jóvenes con el afán de dar esa misma noche la apertura del grupo juvenil de la capilla de san Agustín de Ayparavi. ¡Qué sorpresa me dieron porque no me imaginaba esas ansias de ellos por empezar ya el grupo, pues se adelantaron una semana!

Martes Santo

Como todos los años, por conveniencia pastoral, ese día es aquí en la Diócesis de Oruro tenemos la Misa Crismal; todo el presbiterio, sacerdotes que llegan de parroquias de los campos, de las zonas Mineras, y los que trabajan en la ciudad, concelebramos con nuestro Obispo, Monseñor Cristóbal Bialasik.

Miércoles Santo

De repente tuve que salir a las apuradas de la ciudad porque esta misma tarde del miércoles tenía confesiones y misa en Chipaya. Había que salir rápido, cargando todo lo necesario para que alcance hasta la Resurrección. Salir, volar aprisa por la pampa altiplánica recorriendo los 190 km que nos separan que con las ansias de llegar se hacen unos pocos metros. Cargado de hostias, vino para la msia, casullas, purificadores, velas, yerba, pan y un poco de lentejas, como quien dice “para mantener las fuerzas”.

Jueves Santo

En la mañana algunos niños y jóvenes vinieron a ayudar, sólo a ayudar, pues no sabían para qué. Les había dicho que vengan para armar el monumento del Santísimo Sacramento, pero ninguno sabía qué es eso: entre mi escaso pukina y su escaso lenguaje litúrgico, un poco por señas, indicaciones, dejamos todo listo para la noche.

A las siete de la noche se congregó la gente para la Misa de la Cena del Señor, empecé con una explicación previa sobre el momento de la institución de los dos sacramentos: la Eucaristía y el Sacerdocio, porque en el sermón asentaría fuerzas sobre lo particular de cada uno de los sacramentos instituidos en este día. Para el momento del lavatorio de los pies, si bien yo ya lo había hecho otros años, pero para los fieles fue algo asombroso. Llegado el momento, me saqué la casulla, me ceñí la toalla y con la ayuda del monaguillo empecé a lavarles los pies y a secárselos con la toalla y darles el correspondiente beso… ¿Cómo? ¿Un beso? ¡Qué asombro! Pues ―dice el señor― si Yo que soy Señor y Maestro les he dado ejemplo…

Al terminar la Santa Misa, salimos desde la iglesia de Aransaya por las calles con el Santísimo Sacramento hasta llegar a la iglesia de Manasaya, donde la gente se quedaría rezando y acompañando a Nuestro Señor. Aquí he de remarcar mi admiración por la capacidad que tienen ellos de estar mucho tiempo de rodillas sin moverse siquiera, y sin reclinatorio ni sillas de apoyo. Con meditaciones guiadas han estado hasta media noche.

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Viernes Santo

Por pedido de los fieles, tuvimos el Vía Crucis en la mañana con la comunidad de Ayparavi, en el cual participaron pocos, pero con mucha devoción.

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Asimismo en la tarde tuvimos el Vía Crucis en el pueblo de Chipaya, y la celebración de la Pasión del Señor con la Adoración de la Cruz.

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Sábado Santo

En la mañana hicimos las “oraciones del alba” y luego el rezo del Rosario acompañando a la Virgen Maria en su soledad. Y quedó abierta la iglesia hasta medio día para que todos los que quisieran fueran a rezar.

A las 19:30 hs se congregaron los fieles en la iglesia de Aransaya para la celebración de la solemne vigilia Pascual. Tuvimos que improvisar un pequeño fueguito en la puerta de la iglesia pues un fuerte viento irrumpió de repente sobre nosotros, aunque no impidió nuestra celebración pues di inicio a la bendición, encendí el cirio pascual y entramos cantando el tradicional Lumen Christi.

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Al final de la ceremonia un saludo gozoso entre todos los fieles por la gloriosa resurrección del señor Jesús.

Domingo de Resurrección

Con gozo y alegría, ya desde temprano vino la gente a la parroquia para traer sus colaboraciones para el almuerzo comunitario y a ayudar en los preparativos de la cocina.

A las 10 de la mañana comenzamos la Santa Misa, en la que también hubo bautismos de niños. Estaban los que animaban con mandolinas y guitarras, bombos y panderos: una fiesta y alegría que contagiaban los ánimos.

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Terminada la Misa, se quedaron cantando al son de los instrumentos, himnos y alabanzas por la alegría del Señor resucitado, y aunque ya era medio día no salían a buscar sus platos para el almuerzo.

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Y así festejamos la alegría de la Resurrección, juntos como hermanos, hijos de un mismo Padre.

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En la noche celebré la Santa Misa de Resurrección en la comunidad de Ayparavi y con un posterior festejo con café, leche y “api” con tortitas fritas.

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Gracias al Señor por dejarme vivir un año más las ceremonias de los misterios de nuestra redención.

Jallalla Cristo resucitado!!!

Jallalla María, Su Madre!!!

Jallalla la Misión!!!

 Padre Rosendo Fabián Tactaca, IVE

Misionero en las tierras de los Urus.

El Peregrino

Mi punto de partida fue Oruro, mi destino, la Villa Imperial de Potosí. Contaré a continuación acerca de una peregrinación que hice el 5 de noviembre del 2014 hasta el día 09 de noviembre.

A qué? A dar gracias ante la tumba del Venerable Fray Vicente Bernedo, de la Orden de Predicadores, por gracias, bendiciones y favores recibidos; y una petición más que era la razón más fuerte en mi intención por la cual fui rezando todo el camino paso a paso que daba: “Que este venerable me alcance del cielo la gracia de amar más intensamente a mi Jesus Sacramentado”. No porque no lo ame o mi modo de amar sea tibio, sino más bien para acrecentar ese amor a mi señor, para que el aroma de los oleos de la consagración sacerdotal no se apaguen ni disminuyan en mí sino más bien al contrario abrasen todo mi ser en llamas de amor vivo.

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Camino a las afueras de la ciudad de Oruro

Había decidido iniciar mi peregrinación, con el permiso de mi superior local, ya que estaría ausente por lo menos 5 días de la Comunidad religiosa. Sólo había medido los 300 km que tendría que peregrinar, pero jamás se me pasó por la cabeza dónde cargaría siquiera un poco de agua, donde comería, donde dormiría, así fue que me lancé el 05 de noviembre del 2014 a las 05:30. Aquél primer día caminé un no sé de cuántos kilómetros, pero si sé que caminé 14 horas. Mi petición se hacía constante, a su vez también pasaban por mis intenciones todas aquellas personas que me pidieron que rece por ellos, de Oruro, de la parroquia de San Pedro de Challacollo y los fieles de la parroquia Uru Chipaya, decenas y decenas de misterios del rosario, de a ratos cantaba salmos como se cantan los domingos en La Finca, con la única diferencia que en La Finca es a dos coros majestuosos… y aquí yo solo caminando con sotana, sombrero y una pequeña mochila, nada más. ¿Qué pensaría la gente que pasaba al verme? No lo sé; tampoco me importaba lo que piensen, sólo pensaba en llegar a buen término de mi peregrinación.

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Muchos pasaban por la carretera, unos iban y otros venían, todos se preguntarían ¿quién es ese?… pero nadie sabría acaso que fuese un peregrino.

Después de catorce horas de caminata llegué a la Parroquia del poblado de Challapata, donde me recibió el Párroco, Padre Jacinto, quien amablemente me brindó un cuarto de la casa parroquial. Al día siguiente me llevó a las afueras del poblado en camioneta, pues tenía que celebrar misa en una comunidad. Otra vez mochila al hombro, sombrero en cabeza y a continuar; recé el Rosario, actualicé la intención una vez más, entoné salmos pero esta vez ya casi entrecortados por la agitación. El asunto es que a estos salmos los escuchaba más fuertes que el día anterior; ¿por qué? porque en la carretera ya no había más que arbustos, pajas y llamas, y muy de vez en cuando pasaba uno que otro vehículo, y recién después de largas horas llegaba a algún caserío: todo era soledad y silencio, como dice el Martin Fierro: “era tal el silencio que se podría sentir los pasos a la muerte”. Aprovechaba para pedir una santa muerte después de mis días fatigados de misión por este mundo.

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¡Qué consuelo para este peregrino ver correr silenciosamente un hilito de agua cristalina a 4100 MSNM! pues todo era serranía por esta parte alta del altiplano. Digo qué consuelo!!! pues de a momentos, cuando me abrumaba la sed y ya no había agua en la botella, se me hacía escuchar correr el agua, o de a ratos que caía agua de algún peñasco, miraba y miraba a mi alrededor pero todo era sequedad y silbidos suaves del viento sobre las pajas. Llegué esa tarde después de 11 horas de caminata a un poblado llamado Ventilla. Sabrá mi buen Ángel custodio quién habría sido el buen hombre que solo me abrió un cuarto de un hospedaje y me dijo que descanse… y ya no lo vi más, me dormí.

Al día siguiente me levanté temprano y partí. Ni siquiera estaba este señor, para darle las gracias. Salí a la ruta, me encomendé a mi buen Dios, recé, comí un pan con un pedacito de queso y seguí mi camino.

En mi tercer día de peregrinaje, confieso que ese día como niño pequeño que extraña a sus progenitores, dejé caer lágrimas, pensando y rezando por mi Papá Santos y mi Mamá Natalia, realmente buenos y generosos han sido con Dios, con la Iglesia y conmigo, al haberme dejado ir al Seminario con tan sólo 15 años… ni siquiera yo sabía en qué me estaba embarcando. Pensaba y rezaba por cada uno de mis hermanos, y entre lágrimas y lágrimas escuché unos gritos por detrás mío a lo lejos; me detuve y un hombre campesino venía por detrás mío con algo en la mano: un plato con habas hervidas calientes. Me dio para que comiera con un pedazo de queso. Le dije que era un peregrino, le di la bendición y las gracias por ese gesto.

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Peregrinando entre rezos y ya habiendo acabado lo mencionado, me encontraron por el camino los miembros del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Oruro, que iban en dirección a la ciudad de Sucre, me animaron a seguir pero a su vez se sorprendieron de mi modo tan alocado de hacer peregrinación.

Esa tarde, antes de entrar en el cañadón donde se desatan las grietas por donde lentamente se van juntando las aguas que dan origen al río Pilcomayo, entre queñuas y arbustos sobre una tierra rojiza que embellece el panorama.  Pasé por un caserío donde estaban tocando “tarqueada” (música con un instrumento autóctono llamado “tarca”). Al verme estos músicos, se sorprendieron y dejaron de tocar, se abrieron camino y dejaron paso libre para que yo pasara, y sin dirigirme palabra alguna y entre murmullos de sorpresa sólo atinaban a responder a mi saludo. Y así casi silencioso pasé por medio de ese pequeño gentío que sabrá Dios que habrá pasado por sus mentes.

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Exhausto, fatigado y ya casi sin fuerzas, desde el naciente del Pilcomayo sólo me quedaba la bajada hasta el cruce grande de Yocalla y de allí a Potosí, y a Dios las gracias por haberme permitido llegar esa tarde ya casi oscureciendo al convento de Santo Domingo, donde yacen los restos del venerable Fray Vicente Bernedo… con gratitud profunda pude doblar mis rodillas ante su tumba y rezar mi oración de acción de gracias por tantos favores, gracias y bendiciones, y por la gracia de Amar más intensamente a mi Jesús Sacramentado.

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A Dios las gracias por este Gigante de la santidad en Potosí, gracias por tantas gracias recibidas. Gracias por las fuerzas espirituales y físicas para hacer esta alocada peregrinación. El reino de los cielos sólo lo arrebatan los que se hacen violencia.

Padre Rosendo Fabián Tactaca

Misionero en la tierra de los Urus

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“De Chipaya a la estancia Murmuntani”

Que aventura aquella!!!  “Por eso, comprometo todas mis fuerzas para no ser esquivo a la aventura misionera” palabras con las cuales hacemos una parte de nuestra profesión religiosa.

Como fieles de la parroquia de Santa Ana de Chipaya, fuimos invitados los a las fiestas patronales en honor de la Virgen de Candelarias en una estancia llamada “de Murmuntani”. Esta estancia está situada a dos kilómetros de la frontera con Chile y pertenece al departamento de Potosí. Para llegar a este tan ansiado lugar fue toda una aventura… con sólo decirles que hicimos 18 horas de viaje.

Partimos de Chipaya a las 22:30 hs., rumbo a una localidad llamada Huachacalla. Allí agarramos el cruce de Copacabanita, y de allí “rumbiamos” hacia la parte sur del departamento de Oruro, hasta salinas de Garzi Mendoza, en donde alcanzamos a desayunar como a las 07:00 hs… un pan con queso, seguimos por esos “caminos del olvido”, cortados, derrumbados, llenos de piedras, hasta que pasamos el volcán Thunupa, y de allí ya había partes en que era ir a la buena de Dios, porque no había rastros, sólo un mismo rumbo. Hasta que por fin entramos al salar de Uyuni, donde ya hay huellas de los circuitos turísticos, huellas que llegan hasta la localidad de Llica.

Lo bueno del salar es que parece un pavimentado de sal: por fin descansan los oídos, por fin se puede pegar un ojo de sueño, después de tantos barquinazos, saltos y golpes que da el micro por donde pasan las llantas. Llegamos a Lllica al mediodía pero, de allí nomás seguimos viaje, antes que se desaten las lluvias porque el camino se hace fangoso y se corre el riesgo que se estanque el micro. ¡Así que a seguir nomás se ha dicho!

Por fin, a eso de las 16:00 hs., divisamos, al fondo de un cañadón, un templito blanco rodeado de unas cuantas casitas: ¡qué alegría! Por fin! Allí está! Murmuntani.

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Las primeras Vísperas las celebramos a las afueras del pueblo, con procesión. Partimos del lugar llamado “El Calvario”, donde se rezaron las oraciones y se bendijeron las candelas… que no se pudieron mantener encendidas por el viento. Pero ya al llegar al templito para la misa, pudimos nuevamente encender todas las velas. Nos acompañó un atardecer en el que las nubes parecían abrazarse en llamas de fuego, y por momentos casi incandescentes.

 

 

 

 

 

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Después de la Santa Misa, como es costumbre de la gente lugareña, “acompañamos” a la Virgencita en el atrio del templito con danzas populares tradicionales, por ejemplo, la tarqueada lenta, en donde bailan al son del bombo y flameando pequeñas banderas blancas.

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Al día siguiente, como éramos invitados especiales de la fiesta, nos pidieron que dirigiésemos las oraciones de la mañana, a hs 6:00, “levantada” que despiertan con bombas de estruendo… ciertamente que no es un modo lindo de despertarse, pero una vez ya despierto, hay que levantarse nomás.

Y ya para completar la jornada para la cual habíamos ido, la Santa Misa, a las 10:30 hs. Participaron todos los fieles del momento: así, una vez más, vuelven a arrodillarse ante Jesús que se hace presente en la Sagrada Eucaristía.

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“La casa del sacerdote”

Todos se imaginarán al escuchar nombrar la “casa del sacerdote” una casa amplia con sala de recepción, cocina, cuartos y una capilla interna de oración permanente, pues esto sería lo mínimo que debería tener. Cosa que nada de esto tiene mi casa; vamos a ver.

En estos días, leyendo el libro del cardenal Manning “El Sacerdocio Eterno”, donde en una capítulo habla claramente de lo que debe ser la casa del sacerdote, vinieron a mi memoria los días aquellos de agosto en las que fue Monseñor Cristóbal a visitarme y a bendecir (hablando con propiedad) “Mi casa”, allá en el Ayllu de Ayparavi; cito lo que dice el Cardenal al respecto: “Sean los presbiterios (o casa de los sacerdotes) verdaderas moradas de paz y de caridad, de sobriedad, de modestia, ejemplo insigne en todo para los fieles, de modo que el adversario no tenga nada malo que decir de nosotros” (Tit.2,8). Ayparavi es un pueblo que queda alejado de la sede parroquial, lo que se hace difícil ―y más en tiempo de lluvias o vientos― poder regresar por las tardes a casa. Por esto la gente me preparó una HUAYLLUCHA para el párroco (casita redonda hecha con piedra blanca y barro, con techito de paja).

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Consta adentro de un adobón y un candelabro, un pequeño catre con un colchón hecho de paja y un par de PHULLUS (frazadas hechas en telar con lana de oveja)… realmente es “una morada de paz y de caridad”, porque, primero, está a las afueras del pueblo, donde se respira paz y silencio lo suficiente como para poder escuchar el “aletear de una mosca”, y segundo, pues allí viene la gente a practicar la caridad conmigo: unos vienen a traerme algo que comer ya sea quesito, charque, pisara, y otros simplemente a sentarse a la puerta aunque sin decir palabra, pero sólo para cerciorarse que el Padre no se sienta solo. Otros a reír un rato y “hacer cita” para la bendición de casa de algunas de las estancias.

Con la bendición del obispo ya pude quedar en esa Huayllucha, que no es muy decorosa a extremo, pero lo suficiente para cubrirme del frío y por supuesto acompañado de la solicitud materna de la Virgen Maria bajo la Advocación de la Divina Infantita, que ella es la que cautiva el corazón de la gente.

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El día 29 de agosto, acompañado de los fieles que prepararon la vivienda y participaron con mucha alegría de la visita y bendición, luego de un almuerzo festivo y palabras de agradecimiento de la gente, el Obispo entrego rosarios a la gente, quienes se comprometieron, a petición del obispo, a rezar por nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas.

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A Dios las gracias por el don de la vocación misionera.

Padre Rosendo Tactaca, misionero en las tierras de los Urus Chipayas.

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”Urus chipayas en coctaca”

Queridos todos: paso a contar un “día de la madre” en Argentina. Ya hace un año que estuve de visita con un grupo de jóvenes de Chipaya en mi querido pueblo natal de Coctaca, Humahuaca, Jujuy, para estar presente en el día de todas las madres argentinas, particularmente mi Mamá Natalia, a quien junto con los jóvenes le hicimos un agasajo del todo particular.

Para los jóvenes Urus cada paso fue una novedad, ya que ellos, por la cercanía a Chile, suelen viajar mayormente para aquel lado, siendo así que el lado de Argentina es sólo de nombre y algo lejano… pero ese nombre y viaje que para ellos era lejano se hizo realidad. Todo nuevo y novedoso: los paisajes por distintos lugares que hemos recorrido, los distintos climas que pasamos, los distintos modos de vestir que vimos, el castellano aunque de distinto acento, y finalmente distintos modos de cocinar y comer. En fin, todo nuevo, todo aventura.

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Llegamos el sábado 19 en la noche, en donde fuimos recibidos por mis papás Santos y Natalia, con la mayoría de mis hermanos, en un clima de gran alegría. Todos los Urus sorprendidos por lo grande que es la casa de mis padres. Luego, en medio de las primeras fotos y entusiasmos, se sirvió la cena, a lo que le siguió un pequeño fogón bailable de chamamé. Al principio el baile era entre mis hermanos, pero era tanta la alegría y el entusiasmo de los jóvenes Urus, que también ellos, aunque “a los trancos”, se animaron a bailar.

Fue tanta la alegría de ellos el hecho de agarrar el paso que el baile duró hasta media noche. Ya cansados del viaje y de tanto bailar, se fueron a descansar plácidamente como primer día de sus sueños cumplidos.

Domingo 20, día de la Madre

Aunque cansados y agotados, los jóvenes se levantaron temprano, con el fin de ver la casa, sus alrededores, y no salían del asombro de ver casa tan grande. Luego del desayuno, partimos hacia la capilla del pueblo para la santa Misa, en donde estarían las madres del pueblo de Coctaca esperando. Y así fue… muchas madres esperando para la santa Misa y muchos hijos esperando junto con sus madres. Fue del todo particular, ya que un Cura nacido en Coctaca es la primera vez que celebra Misa en este día tan particular para su propia gente que lo vio crecer.

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Seguidamente de la santa Misa, hubo una bendición a todas las madres presentes. Y de la Santa Misa fuimos a casa de mis padres para el almuerzo y continuar con el agasajo, entre saludos, regalos y lágrimas de emoción.

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Los jóvenes regalaron una remera a mi Mama firmada y dibujada con signos y caracteres urus chipaya por todos ellos.

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Y finalmente, el saludo de todos los jóvenes  y la foto del recuerdo.

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A Dios las gracias por mi Mamá Natalia, mi Papá Santos y mis hermanos, que tan generosamente supieron acogernos en casa.

R. P. Rosendo Fabián Tactaca. IVE

Misionero en la tierra de los Urus.

Encuentro de Jóvenes

Paso a relatar ahora algo sobre la participación de jóvenes de la parroquia de Chipaya en la sede parroquial de San Pedro de Turco, los días 22, 23 y 24 de agosto. Esta parroquia está situada al lado oeste del departamento de Oruro, cerca la frontera con Chile.
Las parroquias de la Diócesis de Oruro están agrupadas en Decanatos, que aquí reciben el nombre de “Vicarías”. En un total de 6 Vicarías, Chipaya pertenece a la llamada Vicaría de “Carangas”, junto a otras 12 parroquias, todas de lengua aymara y sólo nosotros de lengua pukina. En actualidad, trabajamos en esta Vicaría 7 sacerdotes y tres diáconos, uno de ellos recientemente ordenado.
En este Encuentro de Formación, a nivel de Vicaría, participan todos los grupos de cada parroquia, aunque un grupo selecto por cada jurisdicción parroquial, ya que no todos pueden ir por distintos motivos. Esta vez tuvo una participación de un total de 100 jóvenes, en donde se remarcó un tema específico, que los jóvenes ya conocen de antemano, como preparación previa para ir al encuentro. Este año se habló sobre el tema de “La Eucaristía”, siendo continuación de un primer encuentro en la parroquia de San Agustín de Toledo. En este año se acentuó específicamente sobre las partes del templo, partes de la Misa y los objetos que se usan en la misma.
Muy edificante la participación de los jóvenes en el desarrollo de las charlas. También es de remarcar la alegría de todos los grupos juveniles, en todo momento, ver la amistad entre ellos, aunque sean de distintas parroquias, amistad que se demuestra en las comidas, en los juegos, en los trabajos grupales y sobre todo al momento de despedirse.
Jóvenes Urus: fuimos el grupo más pequeño de todos ya que sólo fueron 6 jóvenes, pero no por esto pasamos como desapercibidos o como aislados, ya que nos hicimos sentir desde un principio. El 22 se hacían las presentaciones por parroquias y los jóvenes presentaron un canto con mímicas en Pukina, que relata los pasos de Jesucristo entre el pueblo y el campo… canto que nadie entendió nada, pero todos aplaudieron efusivamente.
Esta fue su segunda participación de un curso de formación religiosa; en la primera estaban algo tímidos, pero en este encuentro ya había amistad, charlaban con chicos y chicas de la otras parroquias, se mezclaban con los demás durante las comidas y hasta se sentía sus risotadas en medio de los trabajos grupales, cosa que en el primer encuentro no paso así. Esto me alegra mucho ya que ellos solos ya van dando un paso más en bien de la unidad de Iglesia. Y más aún en momentos difíciles que atraviesa el pueblo de Chipaya.

Chipaya 2

Chipaya 1

Cursos de Formación en Andamarka

Del 1 al 4 de septiembre participamos con la gente de Chipaya de los cursos de formación intensiva sobre los aspectos generales de cada parroquia y sobre la realidad actual de la fe en los fieles de la Iglesia.

Este curso de formación fue para nosotros del todo particular ya que yo como párroco es la primera vez que participo con los catequistas de manera completa, es decir (aclaro) que para ellos es fundamental compartir todo en muchos aspectos de la formación como por ejemplo las charlas en castellano y aymara, los cantos en castellano, aymara y pukina y al son de la mandolina y el bombo que tanto les caracteriza en su modo de alabar a Dios.

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Digo del todo particular, porque ya aprendí, aunque a los “ponchazos” (dicho popular argentino), a pronunciar el pukina y por tanto no me quedo en solo pronunciar sino que ya me salen los cantos. Otro tanto me pasa con el aymara, y como si fuera poco ya puedo tocar la mandolina siguiendo a los viejos maestros, animadores y catequistas. Realmente para ellos y para mí fue del todo particular  este curso de formación en la parroquia de Santiago de Andamarka, y en cada recreo o salidas para el almuerzo o en las noches era aprovechar el tiempo de inspiración musical para seguir perfeccionando mis dotes principiantes en la música, particularmente en la mandolina.

Y es lo que ellos perciben, que a pesar de ser extranjero, no hay ni pintas ni distinción en lo que es propio y cultural de ellos (de nosotros ahora) en lo referente a nuestra fe católica, apostólica y romana.

Todo lo que se refiere a la formación, estuvo a cargo de distintos sacerdotes que pertenecemos a la vicaría Carangas. La charla del día sábado en la mañana estuvo a cargo del P. Calixto Mamani, Misionero oblato, que en la primer mitad dio la charla en castellano y luego del recreo volvió a repetir en idioma aymara, su lengua materna. El tema fue sobre la importancia de ser evangelios vivos de nuestro tiempo, acentuó mucho en la enseñanza de la catequesis básica para los fieles de todo tipo de edad.

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La característica propia de la gente de esta zona es que son todos de lengua aymara, sólo nosotros de lengua pukina, pero mis feligreses urus entienden y hablan el aymara, es la razón por la cual no hay mucha dificultad para ellos en la participación de estos tipos de cursos de formación.

Muy agradecidos ellos por estos cursos de formación y muy agradecidos conmigo por participar junto a ellos en todo momento; a mi particularmente me alegra y anima porque así me lo hacen notar, además que aprovecho el estar con ellos para aprender un poquito más cada día del idioma pukina que más sacrificio me trae.

Agradezco a Dios mi Señor por la gran obra a la que me ha embarcado.

R.P. Rosendo Fabián Tactaca.

Misionero en la tierra de los Urus.