El Peregrino

Mi punto de partida fue Oruro, mi destino, la Villa Imperial de Potosí. Contaré a continuación acerca de una peregrinación que hice el 5 de noviembre del 2014 hasta el día 09 de noviembre.

A qué? A dar gracias ante la tumba del Venerable Fray Vicente Bernedo, de la Orden de Predicadores, por gracias, bendiciones y favores recibidos; y una petición más que era la razón más fuerte en mi intención por la cual fui rezando todo el camino paso a paso que daba: “Que este venerable me alcance del cielo la gracia de amar más intensamente a mi Jesus Sacramentado”. No porque no lo ame o mi modo de amar sea tibio, sino más bien para acrecentar ese amor a mi señor, para que el aroma de los oleos de la consagración sacerdotal no se apaguen ni disminuyan en mí sino más bien al contrario abrasen todo mi ser en llamas de amor vivo.

Peregrinación 1

Camino a las afueras de la ciudad de Oruro

Había decidido iniciar mi peregrinación, con el permiso de mi superior local, ya que estaría ausente por lo menos 5 días de la Comunidad religiosa. Sólo había medido los 300 km que tendría que peregrinar, pero jamás se me pasó por la cabeza dónde cargaría siquiera un poco de agua, donde comería, donde dormiría, así fue que me lancé el 05 de noviembre del 2014 a las 05:30. Aquél primer día caminé un no sé de cuántos kilómetros, pero si sé que caminé 14 horas. Mi petición se hacía constante, a su vez también pasaban por mis intenciones todas aquellas personas que me pidieron que rece por ellos, de Oruro, de la parroquia de San Pedro de Challacollo y los fieles de la parroquia Uru Chipaya, decenas y decenas de misterios del rosario, de a ratos cantaba salmos como se cantan los domingos en La Finca, con la única diferencia que en La Finca es a dos coros majestuosos… y aquí yo solo caminando con sotana, sombrero y una pequeña mochila, nada más. ¿Qué pensaría la gente que pasaba al verme? No lo sé; tampoco me importaba lo que piensen, sólo pensaba en llegar a buen término de mi peregrinación.

Peregrinación 2

Muchos pasaban por la carretera, unos iban y otros venían, todos se preguntarían ¿quién es ese?… pero nadie sabría acaso que fuese un peregrino.

Después de catorce horas de caminata llegué a la Parroquia del poblado de Challapata, donde me recibió el Párroco, Padre Jacinto, quien amablemente me brindó un cuarto de la casa parroquial. Al día siguiente me llevó a las afueras del poblado en camioneta, pues tenía que celebrar misa en una comunidad. Otra vez mochila al hombro, sombrero en cabeza y a continuar; recé el Rosario, actualicé la intención una vez más, entoné salmos pero esta vez ya casi entrecortados por la agitación. El asunto es que a estos salmos los escuchaba más fuertes que el día anterior; ¿por qué? porque en la carretera ya no había más que arbustos, pajas y llamas, y muy de vez en cuando pasaba uno que otro vehículo, y recién después de largas horas llegaba a algún caserío: todo era soledad y silencio, como dice el Martin Fierro: “era tal el silencio que se podría sentir los pasos a la muerte”. Aprovechaba para pedir una santa muerte después de mis días fatigados de misión por este mundo.

Peregrinación 3

¡Qué consuelo para este peregrino ver correr silenciosamente un hilito de agua cristalina a 4100 MSNM! pues todo era serranía por esta parte alta del altiplano. Digo qué consuelo!!! pues de a momentos, cuando me abrumaba la sed y ya no había agua en la botella, se me hacía escuchar correr el agua, o de a ratos que caía agua de algún peñasco, miraba y miraba a mi alrededor pero todo era sequedad y silbidos suaves del viento sobre las pajas. Llegué esa tarde después de 11 horas de caminata a un poblado llamado Ventilla. Sabrá mi buen Ángel custodio quién habría sido el buen hombre que solo me abrió un cuarto de un hospedaje y me dijo que descanse… y ya no lo vi más, me dormí.

Al día siguiente me levanté temprano y partí. Ni siquiera estaba este señor, para darle las gracias. Salí a la ruta, me encomendé a mi buen Dios, recé, comí un pan con un pedacito de queso y seguí mi camino.

En mi tercer día de peregrinaje, confieso que ese día como niño pequeño que extraña a sus progenitores, dejé caer lágrimas, pensando y rezando por mi Papá Santos y mi Mamá Natalia, realmente buenos y generosos han sido con Dios, con la Iglesia y conmigo, al haberme dejado ir al Seminario con tan sólo 15 años… ni siquiera yo sabía en qué me estaba embarcando. Pensaba y rezaba por cada uno de mis hermanos, y entre lágrimas y lágrimas escuché unos gritos por detrás mío a lo lejos; me detuve y un hombre campesino venía por detrás mío con algo en la mano: un plato con habas hervidas calientes. Me dio para que comiera con un pedazo de queso. Le dije que era un peregrino, le di la bendición y las gracias por ese gesto.

Peregrinación 4

Peregrinando entre rezos y ya habiendo acabado lo mencionado, me encontraron por el camino los miembros del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Oruro, que iban en dirección a la ciudad de Sucre, me animaron a seguir pero a su vez se sorprendieron de mi modo tan alocado de hacer peregrinación.

Esa tarde, antes de entrar en el cañadón donde se desatan las grietas por donde lentamente se van juntando las aguas que dan origen al río Pilcomayo, entre queñuas y arbustos sobre una tierra rojiza que embellece el panorama.  Pasé por un caserío donde estaban tocando “tarqueada” (música con un instrumento autóctono llamado “tarca”). Al verme estos músicos, se sorprendieron y dejaron de tocar, se abrieron camino y dejaron paso libre para que yo pasara, y sin dirigirme palabra alguna y entre murmullos de sorpresa sólo atinaban a responder a mi saludo. Y así casi silencioso pasé por medio de ese pequeño gentío que sabrá Dios que habrá pasado por sus mentes.

Peregrinación 5

Exhausto, fatigado y ya casi sin fuerzas, desde el naciente del Pilcomayo sólo me quedaba la bajada hasta el cruce grande de Yocalla y de allí a Potosí, y a Dios las gracias por haberme permitido llegar esa tarde ya casi oscureciendo al convento de Santo Domingo, donde yacen los restos del venerable Fray Vicente Bernedo… con gratitud profunda pude doblar mis rodillas ante su tumba y rezar mi oración de acción de gracias por tantos favores, gracias y bendiciones, y por la gracia de Amar más intensamente a mi Jesús Sacramentado.

Peregrinación 6

A Dios las gracias por este Gigante de la santidad en Potosí, gracias por tantas gracias recibidas. Gracias por las fuerzas espirituales y físicas para hacer esta alocada peregrinación. El reino de los cielos sólo lo arrebatan los que se hacen violencia.

Padre Rosendo Fabián Tactaca

Misionero en la tierra de los Urus

Peregrinación 7

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