“De Chipaya a la estancia Murmuntani”

Que aventura aquella!!!  “Por eso, comprometo todas mis fuerzas para no ser esquivo a la aventura misionera” palabras con las cuales hacemos una parte de nuestra profesión religiosa.

Como fieles de la parroquia de Santa Ana de Chipaya, fuimos invitados los a las fiestas patronales en honor de la Virgen de Candelarias en una estancia llamada “de Murmuntani”. Esta estancia está situada a dos kilómetros de la frontera con Chile y pertenece al departamento de Potosí. Para llegar a este tan ansiado lugar fue toda una aventura… con sólo decirles que hicimos 18 horas de viaje.

Partimos de Chipaya a las 22:30 hs., rumbo a una localidad llamada Huachacalla. Allí agarramos el cruce de Copacabanita, y de allí “rumbiamos” hacia la parte sur del departamento de Oruro, hasta salinas de Garzi Mendoza, en donde alcanzamos a desayunar como a las 07:00 hs… un pan con queso, seguimos por esos “caminos del olvido”, cortados, derrumbados, llenos de piedras, hasta que pasamos el volcán Thunupa, y de allí ya había partes en que era ir a la buena de Dios, porque no había rastros, sólo un mismo rumbo. Hasta que por fin entramos al salar de Uyuni, donde ya hay huellas de los circuitos turísticos, huellas que llegan hasta la localidad de Llica.

Lo bueno del salar es que parece un pavimentado de sal: por fin descansan los oídos, por fin se puede pegar un ojo de sueño, después de tantos barquinazos, saltos y golpes que da el micro por donde pasan las llantas. Llegamos a Lllica al mediodía pero, de allí nomás seguimos viaje, antes que se desaten las lluvias porque el camino se hace fangoso y se corre el riesgo que se estanque el micro. ¡Así que a seguir nomás se ha dicho!

Por fin, a eso de las 16:00 hs., divisamos, al fondo de un cañadón, un templito blanco rodeado de unas cuantas casitas: ¡qué alegría! Por fin! Allí está! Murmuntani.

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Las primeras Vísperas las celebramos a las afueras del pueblo, con procesión. Partimos del lugar llamado “El Calvario”, donde se rezaron las oraciones y se bendijeron las candelas… que no se pudieron mantener encendidas por el viento. Pero ya al llegar al templito para la misa, pudimos nuevamente encender todas las velas. Nos acompañó un atardecer en el que las nubes parecían abrazarse en llamas de fuego, y por momentos casi incandescentes.

 

 

 

 

 

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Después de la Santa Misa, como es costumbre de la gente lugareña, “acompañamos” a la Virgencita en el atrio del templito con danzas populares tradicionales, por ejemplo, la tarqueada lenta, en donde bailan al son del bombo y flameando pequeñas banderas blancas.

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Al día siguiente, como éramos invitados especiales de la fiesta, nos pidieron que dirigiésemos las oraciones de la mañana, a hs 6:00, “levantada” que despiertan con bombas de estruendo… ciertamente que no es un modo lindo de despertarse, pero una vez ya despierto, hay que levantarse nomás.

Y ya para completar la jornada para la cual habíamos ido, la Santa Misa, a las 10:30 hs. Participaron todos los fieles del momento: así, una vez más, vuelven a arrodillarse ante Jesús que se hace presente en la Sagrada Eucaristía.

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